Por: Guillermo Murray Tortarolo
La naturaleza está llena de criaturas sorprendentes, pero pocas son tan extraordinarias como las babosas marinas del género Elysia. Estas pequeñas criaturas poseen dos habilidades parecen imposibles: pueden aprovechar la energía del Sol de una manera similar a las plantas, y, como si eso no fuera suficiente, recientemente se descubrió que algunas especies son capaces de sobrevivir después de perder completamente la cabeza -en el sentido literal, no por amor-. Te platico como logran cada una de estas proezas.
Comencemos por su capacidad para ser los únicos animales fotosintéticos. Y es que, al alimentarse de algas, estas babosas realizan un auténtico robo biológico. En lugar de digerir completamente a sus presas, conservan los cloroplastos, las estructuras celulares responsables de la fotosíntesis. Este proceso, conocido como cleptoplastia, les permite almacenar los cloroplastos dentro de sus propias células. Lo extraordinario es que esos cloroplastos continúan funcionando. Durante semanas o incluso meses, capturan energía solar y producen compuestos que la babosa puede aprovechar. Aunque no reemplazan por completo la necesidad de alimentarse, sí proporcionan una fuente adicional de energía. Si los humanos pudiéramos hacer lo mismo, probablemente pasaríamos las tardes tomando el Sol en lugar de comer, convencidos de que estamos siendo increíblemente productivos y las vacaciones en la playa dejarían de ser un lujo y pasarían a formar parte de nuestra dieta.
Pero no convencidas con ser las únicas capaces de semejante hazaña, también tienen otro superpoder. En la especie Elysia marginata, algunos individuos pueden desprender espontáneamente de todo su cuerpo, conservando únicamente la cabeza. En cuestión de días estas babosas comienzan a regenerar tejidos y, tras varias semanas, reconstruyen un cuerpo completamente nuevo, incluyendo órganos internos y un corazón funcional. Mientras tanto, el cuerpo abandonado permanece vivo durante algún tiempo, aunque finalmente muere. Algo así como “el Jinete sin Cabeza” pero a la inversa. ¿Pero cómo logra esto, y para que lo hace?

En la mayoría de los animales, una separación tan extrema sería instantáneamente letal. Nuestro cerebro depende del resto del cuerpo para recibir oxígeno, nutrientes y energía. En Elysia, en cambio, la cabeza logra sobrevivir gracias a una combinación única de mecanismos biológicos. Los investigadores sospechan que la energía obtenida mediante los cloroplastos robados desempeña un papel importante durante las primeras etapas de la regeneración, cuando el animal carece de un sistema digestivo completo. Una de las hipótesis más interesantes es que se trata de una estrategia para eliminar parásitos o tejidos dañados. Al abandonar el cuerpo infectado y regenerar uno nuevo, la babosa podría librarse de organismos que comprometen su supervivencia.
Estos descubrimientos convierten a Elysia en uno de los organismos más fascinantes conocidos. No solo desafía la frontera entre animales y plantas mediante la fotosíntesis, sino que también pone a prueba nuestras ideas sobre la regeneración corporal. Imagínate si los humanos pudiéramos hacer algo parecido, quizá el tratamiento definitivo contra muchas enfermedades sería tan simple como cambiar de cuerpo; aunque habría que acostumbrarse a pasar unas semanas siendo poco más que una cabeza parlante